Carlos Herrera Tello el empresario

Carlos Herrera Tello el empresario

Un hombre que desde niño ha sido talentoso, creativo, pero sobre todo muy trabajador, y que ello lo ha llevado a convertirse en un gran empresario y sobresaliente político en Michoacán, es el actual Secretario de Gobierno del Estado, Carlos Herrera Tello, quien es originario de la Ciudad de Zitácuaro.

Herrera Tello, fue presidente municipal de Zitácuaro de 2015 a 2018, reelecto para el periodo 2018-2021, sin embargo en 2019, y con el consenso de los zitacuarenses, se incorporó al gabinete como secretario de Gobierno del Estado de Michoacán.

Solo los amigos y familiares de Carlos Herrera Tello saben que desde que era preparatoriano comenzó su carrera como empresario al lado de una tía que vendía zapatos, hasta que en 1999 comenzó a trabajar en la administración pública.

Pero el tema que hoy nos ocupa es el de su vida como empresario, y es que cuando era universitario tenía una tía que empezó a vender zapatos y que le  iba muy bien, un día, Herrera Tello le pidió fiado un par de zapatos, los cuales le regaló a uno de sus compañeros de grupo, siendo así como enganchó al resto de sus amigos de escuela, quienes le empezaron a pedir les llevara también a ellos.

Solo que con ellos la cosa era diferente, y es que si les fiaba zapatos, pero les pedía el 50% antes, y el resto una semana o 15 días después. No olvida que así empezó el negocio, ya que con el 50% que les pedía ya traía el valor de los zapatos. Herrera Tello no olvida que su tía realizaba más calzado para mujer que para los hombres, simplemente, porque las mujeres gastan 10 veces más en calzado que los hombres.

A manera de chascarrillo, el hoy Secretario de Gobierno del Estado de Michoacán, señaló que los hombres nos compramos unos zapatos al año, aunque hay quienes tienen para comparan dos o hasta tres pares para salir los 365 días; “pero no todos lo hacemos, la mayoría con un “paresito” sacamos el año, pero las damas no son así, ellas quieren calzado que les combine con el bolso, el cinturón o la ropa, incluso, quieren zapatos para toda ocasión”.

Recordó que en la fábrica de su tía se empezaron a realizar zapatillas de muchos colores, y cuyo precio era de tan solo 20 pesos, por lo que las ventas en mayoreo no se dejaron esperar, incluso, se empezaron a vender en otros estados, hasta llegar a gran parte de Centroamérica.

Tanto era el éxito con la producción de zapatillas, que decidió abrir una fábrica para elaborar solo ese producto, para ello empezó con un mini taller, después se hizo más grande y así fue creciendo el negocio, al grado de darles  empleo a más de 150 personas.

Se producían al día 25 mil pares de zapatillas, es decir, pasó de llevar a la universidad 20 pares de zapatos a distribuir más de 25 mil pares de zapatillas en gran parte del sur y del centro de la República Mexicana, todo iba bien, todo era miel sobre hojuelas, traía su carro bien equipado, salía de vacaciones a la playa y a otros lugares.

Sin embargo, un día tocaron a la puerta de su casa un grupo de chinos, quienes le dijeron que le compraban la fábrica, incluso, le ofrecían tres veces más de lo que valía su negocio, pero él pensó que como les iba a vender algo que le había costado mucho sacrificio, y que además había sido su sueño, y decidió no venderla.

Unos meses después, las ventas empezaron a bajar, los proveedores ya no pedían el producto, los clientes ya no llegaban, y un día el gerente de la fábrica le dijo que ya no tenían un solo pedido, por ese motivo se dio a la tarea de visitar a sus clientes, quienes le dijeron que tenían producto y que de momento no necesitaban.

La sorpresa que se llevó fue grande, porque tras estar visitando a sus clientes que vendían su producto, se dio cuenta que tenían sus zapaterías repletas de zapatillas iguales a las que hacían en su fábrica, es decir, los chinos copiaron su producto y de la noche a la mañana lo sacaron de la jugada. Ya no pudo competir con el precio y se acabó el negocio.

Con el tiempo, empezó a trabajar en el proyecto de una constructora en familia, donde reconoce que su esposa ha sido el brazo fuerte en el negocio, los primeros 10 años no salían a ningún lado, estuvieron dedicados a construir el proyecto, se cobraba y se reinvertía, hasta lograr el objetivo que hoy sigue siendo el negocio de la familia.

Su empresa tiene más de mil empleados, más de 10 certificaciones, dos de ellas internacionales, la empresa está bien y le ha permitido invertir en otras empresas, ya sea de comida, de creación de muebles y de traslado de valores, entre otras. El empresario ha dicho que el secreto del triunfo está en trabajar más que los demás y levantarse cuantas veces sea necesario para seguir adelante, esa es la invitación que les hizo a los jóvenes emprendedores que hace días estuvieron en un evento estatal.

 

 

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