Este martes 4 de febrero, con el objetivo de concienciar e informar a la población sobre la necesidad de prevenir las enfermedades oncológicas se celebra el Día Mundial Contra el Cáncer. Este 2020 se celebra bajo el lema “Yo Soy y Voy A”. Se trata de una llamada a la acción que pide un compromiso personal y representa el poder de las acciones individuales tomadas ahora para impactar en el futuro, informó Herculano Medina Garfias, Obispo Auxiliar en la Catedral de Morelia.
El objetivo de la jornada es reducir el número de muertes evitables cada año. Por ello se pretende aumentar la concienciación sobre el cáncer entre la población en general y hacer que los gobiernos adopten medidas contra esta enfermedad. Los invito para que tengamos estilos de vida saludable, que tengamos una cultura de detección precoz, que tratemos de tener una buena calidad de vida.
Tengamos en cuenta que la epidemia mundial de cáncer es de enormes dimensiones, y se prevé que vaya en aumento… hay que tomar acciones urgentes para aumentar la concienciación de la enfermedad. Este Día Mundial contra el Cáncer 2020 sólo es una. La Iglesia en este caso sirve de muchas maneras a los enfermos y cuida de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cf. Lc 9,2-6; Mt 10,1-8; Mc 6,7- 13). La Pastoral de la Salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial que hay que vivir con renovado ímpetu tanto en las comunidades parroquiales como en los centros de atención más excelentes.
No podemos olvidar la ternura y la perseverancia con las que muchas familias acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o discapacitados graves. La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario de amor por la persona humana que hay que respaldar con un reconocimiento adecuado y con unas políticas apropiadas. Por lo tanto, médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, en especial con los que padecen cáncer, participan en esta misión eclesial. Se trata de una responsabilidad compartida que enriquece el valor del servicio diario de cada uno.

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