Del dolor y la desesperación, a la lucha consciente

Del dolor y la desesperación,  a la lucha consciente

Fuensanta Pérez Orona

En estos últimos meses, los mexicanos pobres atravesamos tiempos extremadamente difíciles, muy dolorosos, y que empeoran cada día; tiempos que pasan desapercibidos para los gobernantes, que tienen la obligación de atender y resolver los problemas y que en cambio parecieran vivir en otra realidad, ignorando, dando la espalda a la desgarradora realidad que nos aqueja; como si tuvieran autismo.
Al día de hoy, en el mundo han ocurrido un total de 12 millones 811 mil 744 contagios de coronavirus; de este escalofriante número, nuestro país ha registrado 289 mil 174, estadística que nos coloca en el lugar número ocho en el mundo y en el quinto sitio con 6 mil 891 nuevos casos; más preocupante aún: estamos en el pavoroso tercer lugar mundial con nuevas muertes, con 665 defunciones en las últimas 24 horas.
Esta situación, que ha traído consigo millones de muertes y de hambrientos, ha sido utilizada ahora como argumento para justificar la situación que ya veníamos padeciendo desde antes de la pandemia, a la que ahora se pretende culpar de todo, como chivo expiatorio universal de las lacras sociales añejas que padecemos: pobreza, hambre, falta de vivienda, carencia de empleo y de servicios básicos, etc. Nada de esto es nuevo; lo venimos padeciendo desde hace décadas, y se había ahondado ya en el primer año de la 4T, antes del COVID-19.
En 2019, la revista Forbes publicó un estudio del Coneval, donde se consignaba que en México había 52.4 millones de pobres, 9.3 millones de ellos en pobreza extrema. Esto, amigo lector, no ha disminuido; por el contrario, ha aumentado aceleradamente. En estos días instituciones especializadas advierten que la cantidad de pobres pasará de 48.8 a 61.9 por ciento, y la pobreza extrema, de 16.8 a 31.2 por ciento. Quienes pretenden quitar el golpe al gobierno de la 4T dicen que esta tendencia se debe a la pandemia. Pero aquí cabe, en buena lógica, preguntarnos: antes de la pandemia, ¿existía una distribución equitativa de la riqueza? Antes de la pandemia, ¿nuestro pueblo tenía sus necesidades fundamentales satisfechas? Lamentablemente, la respuesta es negativa y lo sabemos. México ha sido un país de inmensa pobreza, y el fenómeno se recrudece aceleradamente al paso del tiempo.
Durante 45 años, el Movimiento Antorchista ha librado tenaz lucha para erradicar el flagelo de la pobreza. Durante ese tiempo ha luchado, un día sí y otro también, por mejorar las condiciones de vida de millones de mexicanos, pero todos nuestros esfuerzos parecieran rayas en el agua, no porque no lo hagamos bien, porque falte labor o porque nuestra meta sea equivocada, sino por la sencilla razón de que el enemigo es titánico, y tiene armas poderosas: es un sistema que domina al país, acumula bestialmente la riqueza. Es el neoliberalismo impuesto en México y defendido con verdadera fiereza por los gobiernos anteriores y también por el de López Obrador, con todo el poder y los medios al alcance del Estado, y con apoyo de los Estados Unidos.
Millones de mexicanos han sufrido durante décadas abandono gubernamental, y, combinado con ello, la explotación laboral de grandes corporativos empresariales, extranjeros y nacionales, que usan la mano de obra mexicana, barata y eficiente. Nosotros no perdemos de vista el problema y conocemos bien sus causas, y en plena pandemia, aunque ignorados por el gobierno, no porfiamos en la lucha con la demanda inmediata, para ahora mismo, para ayer, a efecto de que se implemente un programa nacional de distribución de alimentos dirigido a los sectores sociales más pobres, y también, para que se garantice ahora, en la mal llamada “nueva normalidad”, la seguridad para quienes la aceptan por necesidad, por hambre y frustración al no saber qué hacer para que sus familias no mueran de hambre.
Pero no vale aquí lamentarse, y no es inteligente limitarnos a pedir ayudas que el gobierno tozudamente niega. Ante su negligencia, se impone con rigurosa necesidad que ya no solo pidamos atención, sino que decididamente nos preparemos para tomar las riendas del país. Debemos comprender que nadie vendrá a librarnos de tantas calamidades, nadie, salvo nosotros mismos. Y vale reflexionar en que si bien la situación es lamentable, triste y desgarradora, no debemos perder de vista que tienen su lado revolucionario, su impulso progresista, pues al agredir a los pobres les empuja a luchar, a exigir mejoras en su vida, y si a ese impulso se suma nuestra labor de concientización, las masas estarán preparadas, sumando indignación y conciencia, pera levantarse con fuerza a pelear ya no solo por algunas mejoras materiales, sino por el poder total del país, para desde ahí cambiar de raíz la realidad económica y política. Nosotros los antorchistas, invitamos a todos aquellos que estén dispuestos a luchar por un cambio verdadero, por un mundo mejor. Tenemos la certeza de que unidos saldremos victoriosos y transformaremos el dolor y la tristeza en impulso de lucha.

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