¿VERDAD O MENTIRA?

¿VERDAD O MENTIRA?

LOS ABOGADOS Y OTRAS COSAS

Por: Salvador Hurtado

Cae al dedillo en la actualidad esto que solía decir don Adolfo Ruiz Cortines al periodista y escritor Julio Sherer García; “Los políticos comemos sapos. Plato grande para los políticos grandes, plato chico para los pollos”. Lo escribe el periodista en su libro los presidentes publicado por Grijalbo 1986.

Cuando enfermó el ex presidente antes de morir Sherer lo visito en su modesto hogar en Veracruz, preguntándole por su salud y estado de animo a lo que le contesto. “De mal en peor, como los años, más y más pesados. No abusamos del poder, pero no hicimos todo lo que debimos. Los ricos se hicieron más ricos”. Bromeando el escritor le dijo que al menos ya no tenía que tragar sapos, ex -presidente como era. “Se equivoca, porque no sabe de esto. Ni la vejez puede con la política, solo la muerte la vence. Dijo que también que los sapos no podían faltar en el menú para los dos tipos de comensales que conocía; unos que se sentaban a la mesa con entusiasmo y pedían más, acostumbrados al sabor nauseabundo del platillo, a la consistencia chiclosa de los sapos, a su baba. Otros que tragaban su ración con repugnancia y a solas hacían esfuerzo por vomitar. Quedamos pocos. Viejo como estoy, hago por vomitar.”         

Pues bien esto se nos vino a la memoria a colación por los últimos acontecimientos. Con una salvedad de antemano para los que son amigos y estudiaron derecho e inclusive podemos testificar por su profesionalismo, pero no pocos de los abogados según dicho por otros abogados, son una maldición del género humano instituida por Dios para la redención del hombre, porque pegan cada chinga a sus semejantes que después de pasar por sus manos a nadie le quedan ganas de volver a purgar la misma penitencia. Hábiles y astutos se mueven con cautela hasta que dan el zarpazo. Cuando ven a un usufructuario llegar a sus puertas les brillan los ojos y no lo sueltan hasta que los dejan como moscas después de servir de suculento banquete a una araña. Así como este bicho envuelve a su víctima con su telaraña, así son la mayoría de abogados, artistas en la marrullería y el enredo, envuelven con su verborrea a sus víctimas hasta que las dejan más confundidas de lo que llegaron al despacho vampiresco de su verdugo. No por algo se dice que los abogados se van al infierno y su camino es el Derecho.

Y ya se puede entender que en nuestro desgraciado e infortunado estado quienes dirigen la política y gobiernan, son precisamente abogados y los que no, pues son empíricos muchas de las veces iguales de retorcidos; ¡la Iglesia en manos de Lutero!, ¡que desgracia! ¿Por los poquísimos profesionistas de las otras ramas, pues hay economistas, Arquitectos o ingenieros en puestos pero de segunda línea en la política del estado? Claro que poquísimos, porque de no ser así Michoacán dejaría de ser la organización del desmadre para convertirse quizá en el desmadre organizado. Quién sabe cómo podría ser, ya que difícilmente ¡casi imposible! El que contadores, arquitectos, galenos o ingenieros han sentado sus reales en la máxima silla, en manos hoy por hoy de abogados ¡Qué barbaridad!.

Los abogados enredan todo, por ello seguramente la cuenta pública nadie la entiende, ya que se requerirían años y años para que fuera posible desenredar la madeja; pero cuando eso pudiera hacerse, la acción penal, si la hubiera, habrá prescrito igual ocurre ahora con el emplacamiento confuso a lo cabrón, se tendrá que consultar a un abogado para entenderlo, en esto último consiguieron seducir ¿cómo o de a cómo?, a los dizque histriones y defensores del pueblo, eso solo ellos lo saben pero seguro que también se irán al averno.

¡Dios guarde la hora de caer en manos de un abogado! Buenísimos para los centavos; por eso ha sido tradicional que el titular de las finanzas esté en manos de su mejor cuate. ¿Quién podría hacerlo mejor? Sacan, meten, quitan, ponen, piden préstamos por aquí, pagan por allá, consiguen un crédito por este lado y pagan por el otro; en fin, traen el dinero de la Ceca a la Meca. Mueven millones y millones de pesos y nadie sabe a dónde van a parar; ¡si hasta parecen magos!

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