VERDAD O MENTIRA?

VERDAD O MENTIRA?

POR: Salvador Hurtado

*Hace algunas décadas, el Auditorio  Municipal recibió un Óscar

*Se dice fácil pero hará ya son más de cuatro décadas que vi a este Óscar cantar por vez primera en Morelia.

Por aquellos días recuerdo conocí en el mismo escenario a la maestra rural Amparo Ochoa cantando: Jacinto Cenobio. Vivíamos por esos años en la colonia Industrial, muy cerca del templo del Carmen. Aparte del mercado que siempre ha existido aledaño al entonces majestuoso Auditorio Municipal, a espaldas en las banquetas, las chácharas -decían algunos-. “Vamos con los fierreros a chacharear”, se escuchaba. 

Jamás se pensó que con el paso de los años ese espacio emularía en la variedad de cosas (inclusive robadas) a un “Tepito” moreliano  conocido actualmente como “El Audi”. Aquel día en el interior, como si nada había entrado al auditorio sin que nadie nos detuviera o siquiera preguntara “¿a dónde van?”

Un hombre vestido con pantalón y camisa negra me asombró. “Me quisiera comer un panecillo con azúcar y canela muy caliente”. Los ojitos se me hicieron agua de la pura emoción. era Óscar Chávez: “Yo andaba buscando la muerte, cuando me encontré contigo.” La sonoridad del Auditorio Municipal se engalanaba, “Por ti yo dejé de pensar en el mar.” ¡Muchas veces quise cantar como él!

Por aquellos estudiantiles años nos deleitábamos escuchando los sábados con Mariano Navarrete, Joel Méndez “El Pato”, Salvador Rivera y un compañero de facultad de Jaime Rodríguez que cantaba muy parecido a Óscar Chávez, no recuerdo su nombre.  ¡Cuántas ocasiones he recordado aquella presentación de Óscar Chávez en Morelia! La algarabía de los jóvenes al escuchar “Que de donde amigo vengo, de una casita que tengo, allá por el pedregal, una casita chiquita, con jardines alberquita y calefacción central”.

La ciudad ya no es la misma, pero sigue teniendo el mismo doloroso encanto. Por entonces  estudiábamos en la vieja central de autobuses hasta casi la madrugada en exámenes Recuerdo igual por esa época la fama de las pandillas en las colonias Ventura Puente, Obrera, Vasco de  Quiroga, Industrial, el Zanjón, Melchor Ocampo y otras. “La niña de Guatemala” poesía de José Martí, musicalizada y hecha canción por Óscar, tarareándola caminé una noche oscura por Villalongín cuando apareció como fantasma “El Mocho”; temblé del miedo. Muchos contemporáneos se acordarán de este líder pandillero, otro más apodado “El Caballo” y otros pendencieros que tanto problema crearon.

El guanajuatense Guillermo Velázquez, gran amigo de Óscar Chávez, es director fundador de los Leones de la Sierra de Xichú  quienes son los principales representantes del huapango arribeño y desde hace casi treinta años provocan el análisis y la reflexión en torno al acontecer económico, político y social de México a través de sus canciones difundidas en México, Estados Unidos, Sudamérica y Europa, todo a través de conciertos, presentaciones en radio,  televisión, etc. Guillermo trabajó antes en Michoacán, platica Jaime Rodríguez López  como promotor en la Organización de Productores Campesinos en la Región del Bajío.  Fue un encargo que reunió a un grupo brillante de comprometidos  agrónomos que con  su granito de arena, contribuyeron a convertir un lugar más equitativo y más justo a los hombres del campo de esa región, describiendo a Guillermo como una cabeza muy visible en ese grupo, como un gran profesionista, ideólogo, practicante de lo pensado, poeta y cantor.

Entre la amplia discografía de Óscar Chávez, destacan: Herencia Lírica Mexicana,  sobresalen sus interpretaciones con Guillermo Velázquez y los Leones de la Sierra de Xichú y el Trío Los Morales –que lo acompañaban habitualmente en sus presentaciones–, sin faltar sus parodias políticas. La historia no es más que el recuento de los tiempos, el cantar de gesta, el retrato de un mundo que ya no fue. Es la vida de los medios: en estos años hemos pasado del disco de acetato de treinta y tres revoluciones por minuto, al MP3, pasando por el cassette, los CD y DVD, hasta el USB.

Óscar Chávez con su imponente voz, entonando cantos de un guerrero que rindió un homenaje al amor, a la patria y a nosotros. Son aquellas notas que repican hace… pongamos treinta o cuarenta años. Desde la primera vez que lo vi, hasta hoy, el mundo ha dado más de diez mil vueltas. La piel se arrugó algo, el cabello disminuyo, pero Óscar sigue ahí, fuera del Auditorio Municipal de Morelia y dentro del corazón de los que asistimos y escuchamos su obra musical, cual si fuera manda o peregrinación.

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