Libres para cantar, libres para luchar

Libres para cantar, libres para luchar

POR: Sandra Canedo Nava

Y sí, cantamos por la libertad en el X Concurso Nacional de Voces, del Movimiento Antorchista. Lo hicimos fuerte y bonito, no sólo los participantes, sino todos los que acudieron al Auditorio Gota de Plata, el pasado 24 de septiembre; tarareando una canción que evocara recuerdos, emocionándonos con las sublimes interpretaciones, aplaudiendo con emoción… todo eso fue parte de un canto, un canto del pueblo que clama una patria mejor.

Vimos cantantes bien desarrollados en este arte y cantantes que nunca habían pisado un escenario tan imponente y ante cientos de personas. Pero eso no detuvo el ímpetu de artistas que todos los concursantes llevaban dentro, porque también dentro de cada uno arde el deseo de ser mejores en todos sentidos, y, precisamente ahí es donde Antorcha, porque nos ayuda a elevar el vuelo, no solo por nosotros, sino porque hay mucha gente en las mismas condiciones de querer ser aves surcando el inmenso cielo, de dejar de sentir que hay arte para ricos y pobres.

Es así que pudimos escuchar canciones de grandes compositores mexicanos, como Chucho Monge, Gonzalo Curiel, Consuelo Velázquez, María Grever, Álvaro Carrillo, Agustín Lara, Armando Manzanero, Manuel Esperón, Tomás Méndez, José Alfredo Jiménez y muchos más que son valiosos por la calidad que en las letras de sus canciones se distingue, pues son piezas musicales que desarrollaron un nivel de lenguaje superior, como poco se ve en la actualidad; “canciones de viejitos”, más de uno hemos escuchado decir o nosotros mismos nos hemos referido de ellas, pero, como dijo el Dr. Abel Pérez Zamorano, en su intervención durante el acto de clausura, “pues bienvenida la música de viejitos”, y estoy completamente de acuerdo. Más que sentirnos apenados por escuchar obras artísticas de este tipo, los mexicanos, sobre todo la juventud, debe sentirse preocupada al saber que hay una fuga de conocimiento en cuanto a música y artes que para nosotros son inexistentes, y en ello va también nuestra formación integral en la nutrición de nuestro espíritu de la forma más elevada.      

Pero, ¿por qué los jóvenes están, a diferencia de otras épocas, más enajenados del mundo? No hay que olvidar que vivimos sometidos, sin que así se note, por un sistema político-económico que, mediante todas las herramientas a su alcance, mantiene el control sobe nosotros la población trabajadora, como si fuéramos una mercancía, porque así realmente nos ve, y asimismo, la música y demás artes también lo son, por lo que la primera la manipula a través de las segundas, logrando con ello un control para seguir generando ganancias, dinero, a costa de la involución de estos dos elementos.

Entonces, si partimos de esta estrategia de marketing, con el paso de las décadas, las obras magistrales de música, como las de los compositores arriba mencionados y de otras disciplinas como la pintura, la danza, el teatro, la literatura se van desechando por la industria del sistema para ser remplazadas por lo sencillo, lo “digerible” y que no haga esforzar mucho el pensamiento; eso puede explicar el hecho de que ahora las letras de las canciones sean tan sencillas como burdas, en la mayoría de los casos y que incluso baste la repetición de estrofas para decir que “está bien, es bonita la canción”, limitando así la capacidad para pensar lo que quiere decir un verso o que instrumentos se utilizaron para crear la melodía.

Y aquí entra el contraste del mundo allá afuera y el mundo aquí, adentro del Movimiento Antorchista. Y no es como si la organización estuviera aislada o en una esfera de cristal, pero me refiero a que hay una clara diferencia, porque Antorcha nos educa, nos enseña y nos guía, no solo en la cuestión de gestoría de obras y servicios básicos, sino también en la música que nos enseña a escuchar, el ojo crítico con que debemos analizar todo y el amor para practicar esas artes que nos llaman la atención, que nos impulsan a ensayar, practicar y no desistir. Muchos así logramos mejorar como revolucionarios, como mexicanos preocupados por el porvenir de todos y ocupado en lograr mejorías en la sociedad.

Porque si no somos nosotros, ¿quién? ¿los políticos que actualmente nos rigen? ¡Qué va! El desprecio a la cultura de calidad en manos del gobierno, emanado de un sistema, como ya dije, cargado de manipulación y enajenación no debería sorprendernos, más bien indignarnos para convencernos de que esto lo podemos cambiar nosotros mismos, los pobres de la nación, los que menos acceso tenemos a practicar algún tipo de arte, que no podemos acceder a obras de teatro, conciertos de orquesta o presentaciones de danza clásica por los altos precios en los accesos, que sirven incluso para adquirir la despensa de media semana o pagar la colegiatura de sus hijos.

Por ello es que Antorcha seguirá en su andar, difícil, lleno de obstáculos, pero sin pausas para seguir difundiendo arte de calidad sin lucrar con él, pues el pueblo lo necesita, es una herramienta de cambio que no podemos desaprovechar, es la llave a la libertad del espíritu; del ser humano.

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