Emigración y remesas en el Occidente

Emigración y remesas en el Occidente

POR: Fuensanta Pérez Orona

Uno de los problemas más graves que han azotado a México desde hace muchos años es la falta de empleo, mismo que en los últimos tiempos ha venido agravándose de manera exorbitante, esto conlleva, a su vez, un incremento en la pobreza y la delincuencia, aspectos que deberían ser tratados y resueltos por los gobernantes en turno, cosa que desafortunadamente no sucede.

Este panorama ha provocado que el país se sitúe en una coyuntura en la que los mexicanos deben salir a otros países en busca de un empleo que les garantice la vida o al menos la solvencia mínima de sus necesidades y de sus familias. Como consecuencia de esto, en Estados Unidos la población mexicana es ya de 36 millones, lo que significa el 10 por ciento de la población estadounidense. Los principales asentamientos se dan en estados como California, Texas, Arizona, Illinois, Colorado, Florida, Whashington, Nuevo México y Nevada.

Los estados que conforman el Occidente del país, son los que presentan un índice mayor en intensidad migratoria. Del estado de Colima, el 5.62 por ciento del total de sus hogares se encuentra en Estados Unidos; de Guanajuato, el 9.55; de Jalisco, el 6.53; de Michoacán el 10.37 y de Nayarit el 6.82, familias que ahora han pasado a formar parte de la mano de obra barata del país vecino.

Ahora bien, se ha dicho que el principal factor que provoca la emigración es la pobreza, que se genera a partir de una injusta distribución de la riqueza y en los bajos salarios que reciben los mexicanos, pues a pesar de ser el país en el que sus trabajadores laboran más horas al día, son también los que recibe los salarios más bajos; el último comparativo que se registró en 2020, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y que fue dado a conocer por El Economista, registró que mientras en México en la industria manufacturera los trabajadores ganan 2.8 dólares por hora (aproximadamente 56 pesos), en Estados Unidos ganan 23.8 dólares, es decir, un aproximado de 476 pesos. Esta diferencia abismal en los salarios, aunada a la falta de empleos para todos los mexicanos en edad de trabajar, ha provocado precisamente la emigración.

Si vemos un poco más de fondo la situación, nos daremos cuenta que mientras nuestros paisanos emigran, en México, poco o casi nada se hace para generar empleos, suficientes y bien remunerados, pues no solo no tenemos muchas empresas mexicanas, la mayoría de las que están distribuidas en nuestro territorio son empresas extranjeras que se aprovechan, precisamente, de la mano de obra barata, dificultando la lucha de los trabajadores por mejorar su salario. Por lo que hace a las empresas nacionales, la situación no es mucho mejor, pues además de que son pocas las que deciden invertir su capital en el país, las posibilidades de que los trabajadores de las mismas luchen por mejores condiciones laborales y mejores salarios, están restringidas por los sindicatos afines a la empresa.

Por otro lado, la economía mexicana se ha visto afectada, pues a pesar de ser el país número 14 en producción de riqueza, somos uno de los más pobres del mundo, ocupando el lugar número 35; solo en América Latina ocupamos el cuarto lugar, quedando solo por debajo de Honduras, Guatemala y Venezuela.

En cada uno de los países del mundo se tiene estimado un Producto Interno Bruto (PIB), que es todo lo que se produce y se genera económicamente a lo largo de un año. En 2020, las actividades primarias (agricultura, explotación forestal, industria manufacturera, etc.) aportaron el 4 por ciento; las secundarias (construcción, distribución de energía eléctrica, suministro de gas por ductos, etc.) el 32 por ciento; y las terciarias (comercio, servicios, comunicaciones, transportes, etc.) cerca del 60 por ciento. A estos ingresos ordinarios se le suma también el ingreso por remesas, que el último año representó el 3.4 por ciento del PIB total nacional.

El ingreso de las remesas ha alcanzado niveles históricos en los últimos años. En los primeros seis meses del año en curso, el ingreso por este concepto fue de 23 mil 618 millones de dólares, lo que superó en un 22.4 por ciento al ingreso en el mismo periodo del año 2020. Los estados que reciben mayor ingreso de remesas se encuentran en el occidente de nuestro país: en Colima, el 7.34 por ciento de sus hogares reciben remesas; en Guanajuato, el 9.20 por ciento; en Jalisco, el 7.70 por ciento; en Nayarit, el 9.64 por ciento y en Michoacán (segundo estado con mayor ingreso de remesas, después de Zacatecas) el 11.37 por ciento.

Esto ha sido un tema de debate nacional, pues, por un lado, buena parte de nuestra economía se mueve gracias al consumo que hacen las familias que reciben remesas y, por otro, el gobierno de la Cuarta Transformación no solo se ha conformado con esta situación, pues no se ven por ningún lado políticas que alienten una mayor inversión de empresarios mexicanos para que las condiciones de los mexicanos mejoren dentro de México y poder, de esta forma, comenzar a reducir los niveles de emigración, sino que, además, la alienta y se cuelga el mérito ajeno como propio, es decir, presume el enorme ingreso por concepto de remesas, que es resultado del trabajo extenuante de millones de mexicanos alejados de su familia y de su patria, como si se tratara de un esfuerzo del propio gobierno.

Prueba de esto último, es la reunión que varios medios de comunicación dieron a conocer como la “cumbre de los tres amigos”, celebrada el pasado 18 de noviembre, donde se reunieron los mandatarios de Estados Unidos (Joseph Robinette Biden Jr.), Canadá (Justin Pierre James Trudeau) y México (Andrés Manuel López Obrador). Dicha reunión, que supuestamente sería entre iguales, pasó a ser un encuentro donde López Obrador, de nueva cuenta, dio rienda suelta a su papel servil hacia los Estados Unidos. La gran declaración que dio vuelo en los medios de comunicación, y con la que se presentó a nuestro país, fue la hecha por López Obrador ante Biden, a quien agradeció el hecho de tener a tantos mexicanos trabajando en su país. Aquí la conclusión inevitable es que es más fácil para el gobierno de la Cuarta Transformación deslindarse de su papel y de su bandera de campaña de “primero los pobres” y dejar que nuestros compatriotas sigan saliendo a raudales de nuestro país, que poner fin a esta situación dando prioridad a la necesidad de los más de 55.7 millones de mexicanos que viven en pobreza.

Es necesario pues, un gobierno que emane del pueblo y que trabaje en serio para lograr resolver las necesidades de los mexicanos, a través del fortalecimiento de nuestra economía para alcanzar una equitativa distribución de la riqueza, que cree empleos suficientes y bien remunerados, que aplique una política fiscal progresiva, es decir, que cobre más impuestos a quienes ganan más y que reoriente el gasto social para que se invierta en infraestructura social. Solo así podrá detenerse la sangría de mano de obra, que tanta falta hace para hacer de nuestro país un país grande, fuerte y competitivo con las demás economías del mundo.

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