¿Dónde queda el futuro brillante de la niñez mexicana?

¿Dónde queda el futuro brillante de la niñez mexicana?

POR: Sandra Canedo Nava

Las consecuencias de la pandemia para la población más vulnerable siguen presentes hasta ahora, sobre todo hablando de su presencia en un sistema político-económico desigual, que lo único que nos sigue dando es más pobreza. Estas consecuencias resultan irreversibles en la población más joven, esa que apenas está “abriendo sus alas” ante el mundo y a la que se la augura un futuro prometedor. Pero en este tiempo caótico de virus mundiales, ha venido a relucir la crueldad que les espera y en la que ya vive un enorme puñado de esta inocente juventud.

Y es que a partir de 2020, a millones de niñas, niños y adolescentes les cambió la vida de la forma más triste porque tuvieron que dejar de lado su educación. Esta decisión (no por gusto, sino por necesidad), a lo largo de los últimos dos años, lo único que ha provocado a su vez, es el incremento del trabajo infantil, con un alto porcentaje de condiciones de explotación y peligro a su propia integridad. Todo en conjunto, a cambio de ganar unos cuantos pesos que mucho sirven para el sustento familiar. Por ejemplo, la última Encuesta Nacional de Trabajo Infantil realizada por el Inegi en 2019, estimó que 200 mil niñas, niños y adolescentes se sumarían a la vida laboral a nivel nacional. 

Es decir, que se sumarían a los más de tres millones de jóvenes entre 5 y 17 años de edad que ya laboran en ocupaciones permitidas y no permitidas. ¿Cuáles serían estás ocupaciones para cada caso? Las permitidas incluyen trabajo de oficina (incluyendo máquinas de oficina), cajero, maletero, marcador de precios, jardinería ornamental (sin máquinas operadas con electricidad), limpieza, mesero, mesas de monitoreo, lavado de platos. Las no permitidas incluyen el sector de la construcción, el campo, con el uso de productos químicos, así como en bares y cantinas. En esta segunda categoría, en cantinas y bares, el sector agrícola y de la construcción se emplean un millón, 100 mil de niñas y niños y de esta cantidad 880 mil niñas y niños son menores de 15 años.

Y es importante dejar claro que el trabajo no es perjudicial para el ser humano, como dijo el gran filósofo Carlos Marx, “el trabajo dignifica al hombre”. La historia demuestra que el trabajo fue el que permitió a nuestra especie desarrollar su capacidad para pensar; la afectación ocurre cuando el trabajo mismo se usa como explotación de todas las habilidades del individuo y de su energía misma, a costa de su propio desarrollo, como sucede entonces con los infantes, pues se sacrifica su crecimiento educativo y social, sin medir los daños a futuro, a su futuro.

En este sentido, los niños michoacanos de entre 5 y 17 años son de los que más trabajan a nivel nacional, ocupamos el cuarto lugar, por debajo de estados como Chiapas y Oaxaca. De los 3.3 millones que mencioné renglones arriba, al menos 112 mil 430 se encuentran en Michoacán, haciendo labores no permitidas y de esos, 73 mil 382 lo hacen en ocupaciones peligrosas.

Aquí pueden considerarse los que laboran en los campos agrícolas, cosechando fresas y demás frutos rojos que se han extendido por el territorio, muchos de ellos sin recibir un pago; otros en cambio, son reclutados por el crimen organizado, aprovechándose de la deserción escolar y la pobreza, principalmente en las regiones de tierra caliente, costa, sierra-costa y región. Hasta el momento no hay una cifra oficial de cuántos son los menores en esta situación, pero las autoridades y diversas organizaciones civiles estiman que los números siguen aumentando, basándose en estimaciones y datos de carpetas de investigación.

¿Qué se debe hacer ante esta situación? Primero, que el Estado, es decir el ente que rige política y económicamente a nuestra nación, asimile su papel activo en estos terribles resultados; acepte que durante la pandemia no implementó mecanismos concretos para evitar que millones de niños y jóvenes tuvieran que elegir entre estudiar o trabajar, y, asimismo, echar a andar leyes que ayuden a proteger la seguridad de los menores, para evitar que se incorporen a labores peligrosas sin cumplir la mayoría de edad. Y también la Secretaría de Educación (SEP) tiene gran responsabilidad en estas medidas, porque ésta debe crear estrategias para aminorar la deserción escolar, todo con el fin de brindar un buen futuro, libre de peligros y fatales consecuencias a las niñas, niños y adolescentes que tienen todo un camino por delante para ser quienes cambien para bien a México.

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