A 8 años de los huracanes “Manuel e Ingrid, vecinos de Huetamo no reciben apoyo a vivienda

A 8 años de los huracanes “Manuel e Ingrid, vecinos de Huetamo no reciben apoyo a vivienda

POR: Héctor Enciso Carrillo

El año 2013 es recordado en varias regiones de México por haber ocurrido dos fenómenos meteorológicos que causaron destrucción de viviendas y cultivos. La particularidad de esos fenómenos naturales es que convergieron en el tiempo y en el espacio. En septiembre de 2013, el huracán “Ingrid” llegó a las costas mexicanas por el Golfo de México y el huracán “Manuel” entró a las costas del occidente del país por el Océano Pacífico.

Esta circunstancia, poco común en la historia de los huracanes, provocó que en algunos estados de la República hubiese decenas de muertos -sumando en total 157-, que se concentraron en los estados de Hidalgo y Veracruz. Hubo también más de 200 mil damnificados en total, sumando a todas las entidades del país. En Michoacán la zona más afectada, por esa conjunción de huracanes, fue la zona de Huetamo.

Ahí se desbordó el rio Balsas, destruyendo las viviendas de cientos de campesinos, obreros y pequeños comerciantes de las comunidades Estimucha, San Jerónimo, Santiago Conguripo, Santa Rita, La Estancia del Río Chiquito, Capeo, Coenandio, Arroyo Seco y Acopeo.

Ante esta desgracia los campesinos y colonos solicitaron el apoyo del Movimiento Antorchista de Michoacán; la organización intervino ante el Gobierno del estado de Michoacán solicitando la solución para que los afectados pudiesen levantar, aunque fuera un cuarto para alojar a cada familia afectada. La magnitud de la desgracia fue reconocida por las autoridades estatales, las cuales acordaron con la representación antorchista, la entrega a través del Instituto de la Vivienda del estado de Michoacán (IVEM) la entrega de recursos (materiales de construcción) por un monto de 4.5 millones de pesos para el total de los afectados.

 Sin embargo, de ese recurso, manejado por una empresa particular, solo llegó un 20 por ciento a los afectados, quedando cerca de 300 familias sin ningún apoyo. ¿Por qué ya no se solucionó la demanda urgente y necesarísima a esas humildes familias? No lo sabemos, pero, es claro que el gobierno estatal de aquel tiempo se desentendió de su obligación de ejercer el recurso aprobado.

Desde entonces, año tras año, se les ha solicitado a los gobiernos estatales que ese recurso llegue a las familias afectadas que aún no logran reponerse de la pérdida de su casa. Algunos campesinos han construido su vivienda con materiales muy perecederos, palos, láminas de cartón, desperdicios, etc., por lo que la necesidad de que sean atendidos por las autoridades estatales no ha perdido vigencia. La necesidad de tener una vivienda adecuada y digna se ha hecho más urgente en los últimos meses, pues la pandemia obliga a la población al confinamiento, pero esta circunstancia provoca que el número de contagios crezca, dado el hacinamiento en que viven esas familias. 

Ha sido una constante de las desgracias producidas por los fenómenos naturales, el hecho de que son los más pobres, los que salen verdaderamente afectados, pues son los pobres de cualquier parte de México (y del mundo), los que viven en las regiones de más alta probabilidad de sufrir lo peor de los embates de la naturaleza, -sean por terremotos, por tormentas o huracanes, desbordamiento de ríos (y las consecuentes inundaciones), etc. – dado que viven en las partes bajas de los ciudades o pueblos o viven en las barrancas y en las riberas de ríos y lagos.

Y también ha sido una constante que no haya atención a los damnificados pues las autoridades o muestran ineptitud o son proclives a dejar en el desamparo a los más necesitados de ayuda. Incluso hay ejemplos recientes de falta de humanismo y de responsabilidad social mayúsculos ante las graves consecuencias de los golpes de la naturaleza. Por ejemplo, cabe mencionar la fatídica decisión del presidente de México de inundar las zonas pobres de Tabasco en los últimos meses del año pasado cuando López Obrador lo confeso cínicamente, “Yo preferí inundar esas zonas más pobres de Tabasco antes que se inundara Villa Hermosa”. Aparentemente decidió cuidar la capital de ese estado, pero, los especialistas en inundaciones, sostienen que lo que trató realmente de impedir que se inundara fue su obra insigne: la refinería de “Dos Bocas”.

La demanda de los campesinos y colonos de Huetamo está pendiente de resolverse; es, por tanto, necesario que el gobierno del estado tome en cuenta esa situación y aplique los recursos para mejorar las condiciones de cientos de familias pobres.

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